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La aplicación de bioestimulante ante el impacto climático

¿Qué podemos hacer para contrarrestar las heladas en cultivos como el Maíz, la patata, el cereal o la viña?

La regulación del crecimiento de las plantas y la disminución de los efectos adversos generados por diferentes factores de estrés durante el desarrollo de nuestros cultivos, son factores altamente importantes que van a marcar la productividad de las cosechas.

El cambio climático en el que vivimos, produce un estrés abiótico dañino para las plantas, además del stress hídrico y el producido por las bajas temperaturas. Todos ellos generan un desequilibrio en el estatus hídrico de las plantas, produciéndose finalmente una deshidratación celular.

Los daños por bajas temperaturas o por heladas pueden producirse en todas las plantas, pero los mecanismos y la tipología del daño varían considerablemente dependiendo de la especie, variedad, etc.., y ocurre cuando se forma hielo dentro del tejido vegetal, destruyendo sus células.

Los cultivos muestran distintos daños por heladas a la misma temperatura y en el mismo estadio fenológico, dependiendo de las condiciones meteorológicas previas. Su adaptación a las temperaturas frías antes de una helada nocturna se denomina “endurecimiento”. Durante los periodos fríos, las plantas tienden a endurecerse contra el daño por congelación, y pierden el endurecimiento después de un período de calentamiento. Durante los períodos cálidos, las plantas exhiben crecimiento, el cual reduce la concentración de solutos, y aumenta la concentración de bacterias, haciendo que las plantas sean menos resistentes.

Estos daños son especialmente llamativos en cultivos extensivos, como son el maíz, la patata, los cereales o la viña, dado que, al estar cultivados al aire libre, son más susceptibles a los cambios drásticos de temperatura. Aunque las temperaturas frías provocan que los frutos de las plantas se endurezcan contra los daños por helada, el endurecimiento se pierde rápidamente tras unos pocos días cálidos, las yemas de los frutos volverán a endurecerse, pero a un ritmo mucho más lento que al que lo han perdido.

Existen formulaciones de Bioestimulantes que ayudan a recuperar el normal funcionamiento de la planta

Los daños por heladas se traducen finalmente en un efecto drástico para los vegetales o para una pequeña parte de su tejido, lo cual reduce el rendimiento, se deprecia la calidad del fruto y en algunos casos se produce la muerte de la planta.

Según la sensibilidad de los cultivos al estrés por bajas temperaturas, éstos se clasifican en distintas categorías, así la patata y el maíz están consideradas como susceptibles a heladas y la viña y los cereales como moderadamente susceptibles.

En cuanto a sintomatología presentada por los cultivos, es distinta dependiendo de su fisiología concreta, de la especie e incluso de la variedad:

  • Los daños por congelación en patata se presentan como manchas grisáceas o gris-azuladas debajo de la piel. Los tubérculos descongelados se vuelven blancos.
  • En cereales las hojas jóvenes pueden dañarse, pero es posible la recuperación si el nudo de ahijamiento no se ve afectado. Sin embargo, si se daña el meristemo, se producirá la muerte. Al principio y final del invierno y al principio de la primavera, las plantas pueden ser menos resistentes. Durante la floración y crecimiento inicial del grano de los cereales, el daño por helada reduce el número de granos por espiga. El resultado visual es la formación de unas bandas más delgadas y descoloridas en las espigas, las aristas se rizan, y como el peso del grano es menor, las espigas se mantienen verticales cerca de la madurez. En general, la resistencia a la congelación en los principales cereales es por este orden: Centeno > Trigo blando > Triticale > Cebada > Avena y Trigo duro.
  • Las uvas para vinificación son dañadas con frecuencia por las heladas primaverales. Las hojas son más propensas a sufrir daño ya que son los primeros órganos en formarse, pero las flores y las pequeñas bayas a veces también son dañadas.

Al final, las plantas que sufren estrés por heladas, tienen daños en sus membranas, sufren deshidratación, sus procesos metabólicos se ven disminuidos, por lo que su capacidad en sintetizar materia orgánica es menor, se reduce la fotosíntesis y emplean mayor energía en reparar daños en sus tejidos.

Aplicación de Bioestimulantes específicos para contrarrestar los efectos de estrés abiótico e incentivar el vigor vegetativo de los cultivos

Estos insumos, aplicados en su momento idóneo, sirven para minimizar la deshidratación de los tejidos, para la protección de membranas, la mejora de la nutrición y el aumento de la biomasa ayudando a las plantas a minimizar los efectos adversos por heladas.

Los bioestimulantes son compuestos orgánicos (extractos de plantas, algas, bacterias y hongos beneficiosos) que contienen un amplio rango de compuestos bioactivos capaces de mejorar el uso eficiente de los nutrientes y así ayudar a nuestros cultivos a ser más tolerantes a las condiciones climáticas adversas.

Existen formulaciones de Bioestimulantes que incorporan aminoácidos, son fácilmente absorbidos y traslocados por los vegetales, ayudando a recuperar el normal funcionamiento de la planta, activando e impulsando el metabolismo del vegetal, la producción de raíces o la regeneración de los tejidos.

Cereal afectado por nieve y helada

Cereal afectado por nieve y helada.

El uso de microorganismos beneficiosos se ha asociado a una mejora del crecimiento y del rendimiento de los cultivos. Normalmente, se asocia una mayor asimilación, por diferentes mecanismos, sobre todo de N, P y K cuando los cultivos son inoculados. Además, promueven también el incremento de hormonas endógenas de las plantas o ayudan a la absorción de otros nutrientes (como el Fe). Algunos microorganismos favorecen a un mayor desarrollo del sistema radicular, y por ello son de gran utilidad para combatir los estreses. Es lo que sucede con las bacterias del género Bacillus, por ejemplo. La aplicación de ácido húmicos favorece también el desarrollo radicular y el aumento del rendimiento.

La necesidad de la aplicación de este tipo de insumos en la agricultura actual

La agricultura moderna requiere un balance entre alta producción con un máximo de seguridad para los consumidores, agricultores y el medio ambiente. Generalmente los biosestimulantes son biodegradables, no tóxicos, no contaminantes y no dañinos para la fauna auxiliar, y tienen un plazo de seguridad mínimo, sin residuos para el cultivo ni para los frutos. Por todo ello, se presentan como productos con muchas ventajas a la hora de proteger y favorecer al correcto desarrollo de nuestros cultivos frente a elementos adversos, como pueden ser los daños por heladas. Además, son compatibles con todos los tipos de agricultura, desde la convencional hasta la ecológica.

En definitiva, una herramienta imprescindible para nuestros agricultores que ven mermadas sus cosechas por el impacto climático.

Autor: Luis Victorino Martínez Puras. Director General de AEFA.

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