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“Las variedades de vid resistentes a enfermedades fúngicas son una herramienta para la sostenibilidad del viñedo”

Cristina Menéndez es doctora ingeniera agrónoma y una voz autorizada en España en el ámbito de la mejora genética de la vid. Tras una sólida trayectoria internacional en centros como la Universidad de California, el Max Planck de Colonia o NEIKER, lleva más de dos décadas liderando proyectos de investigación en La Rioja. Conversamos con ella sobre los desafíos de la viticultura ante el cambio climático, el papel de las variedades resistentes, y el ensayo pionero que están llevando a cabo en la región.

La mejora genética en viticultura es aún un terreno conservador, especialmente en zonas con fuerte arraigo como Rioja. ¿Cuál es tu percepción?

En vid para vinificación, el sector sigue siendo muy tradicional, con una fuerte vinculación a variedades premium. Sin embargo, el cambio climático obliga a buscar alternativas. Aunque la mejora genética se ha desarrollado mucho en uva de mesa, en vinificación sigue habiendo muchas resistencias. Cualquier cambio o introducción de variedades nuevas se percibe como una amenaza, sobre todo en regiones con mucha historia. Aun así, se están explorando soluciones como la recuperación de variedades minoritarias —también hemos participado en este tipo de proyectos—, y algunas se han introducido en las DO. Aunque estrictamente no sea mejora genética propiamente dicha, es una señal de que algo se está moviendo en el ámbito del material vegetal.

¿Qué pueden aportar las variedades resistentes al sector vitícola?

Son una herramienta muy valiosa, especialmente desde el punto de vista de la sostenibilidad económica y medioambiental. Para el viticultor suponen una reducción de costes importante, por la reducción de tratamientos fitosanitarios, algo crucial en un contexto donde cada vez hay más restricciones en el uso de fitosanitarios, como el cobre, por parte del Pacto Verde Europeo. Hay mercados que siguen apostando por la tradición, pero otros priorizan la eficiencia y la sostenibilidad. En ese sentido, estas variedades tienen mucho potencial. De hecho, el Gobierno de La Rioja ha financiado un proyecto para evaluar su adaptación en la región y sobre todo, para estudiar la aceptación por el consumidor de los vinos obtenidos de estas variedades.

: Variedades como ‘Soreli’, ‘Sauvignon Rytos’ y ‘Cabernet Eidos’ presentan buen rendimiento agronómico, incluso sin tratamientos fitosanitarios.

¿Qué habéis descubierto en este proyecto con las 9 variedades resistentes que habéis evaluado?

Variedades como ‘Soreli’, ‘Sauvignon Rytos’ y ‘Cabernet Eidos’ presentan buen rendimiento agronómico, incluso sin tratamientos fitosanitarios. En 2023, hemos observado un muy buen comportamiento en campo y una buena resistencia a las enfermedades fúngicas, en ausencia de tratamientos.  Aunque presentan una maduración un poco temprana en la mayoría de los casos. Desde el punto de vista agronómico, las que mejor se han comportado son las más tardías. Entre las blancas destacan Soreli, y Sauvignon Rytos; y en las tintas, Merlot Khorus y Cabernet Eidos. Soreli ha sido una grata sorpresa: da buenos rendimientos, buena calidad enológica y tolera bien el oídio, a pesar de no tener genes específicos contra el hongo.

¿Cómo se ha testado la aceptación de estas variedades por parte del consumidor?

Realizamos dos estudios sensoriales en cata con más de 160 consumidores no profesionales en La Rioja. En general, los vinos tuvieron muy buena aceptación, en especial los blancos. Variedades como Soreli, Sauvignon Rytos o Sauvignon Kretos gustaron especialmente, y Merlot Khorus fue la mejor valorada entre las tintas.

¿Crees que el consumidor está dispuesto a valorar positivamente estos vinos por su componente sostenible?

Sí, sin duda. Hay estudios que demuestran que, si se comunica bien el menor uso de tratamientos o el menor impacto ambiental, muchos consumidores lo valoran. Existe una gran oportunidad para posicionar estos vinos como diferenciales (algo muy relevante hoy en día) y, sobre todo, más sostenibles.

¿Qué retos implica el manejo en campo de estas variedades?

El principal es la precocidad. Algunas son tan tempranas que las hace vulnerables a heladas. En cuanto a tratamientos, recomendamos no eliminarlos del todo. En un ensayo sin tratamientos durante la campaña 2023, variedades como Soreli, Cabernet Eidos, Merlot Khorus y Sauvignon Rytos se comportaron muy bien en comparación con los testigos, Tempranillo y Viura. Pero otras, como Sauvignon Kretos o Sauvignon Nepis, sufrieron más por falta de genes de resistencia al oídio.

¿Ves posible que estas variedades lleguen a formar parte de la DOCa Rioja?

El interés por parte de bodegas existe. Sin embargo, la clave está en la normativa: aunque a nivel estatal puedan registrarse en un futuro, los Consejos Reguladores de las DO deben autorizarlas. Para que eso ocurra, considero que es necesario que haya interés y presión desde dentro: viticultores y bodegas que demanden esa posibilidad. El cambio no vendrá solo.

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