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La primavera, estación clave en la colza

El Servicio Agrómico y de Cultivos de ACOR nos da las claves para controlar las Incidencias en esta época

 

Campaña de recolección de colza más satisfactoria de lo esperado, a tenor de los sondeos que se venían haciendo previo a la cosecha. En estas visitas se podían constatar los daños que habían provocado en el cultivo, las heladas que se produjeron en el mes de abril y que hasta prácticamente el final de ciclo eran difíciles de evaluar. Al producirse esta bajada de temperaturas (por debajo de los 0ºC) en el periodo de floración no sólo se producen abortos de flores, sino que las vainas recién formadas no lleguen a granar o el llenado de estas es irregular.  Y esto se traduce en un descenso de producción final.

A esas fechas el cultivo se encontraba influenciado por los contrastes de las precipitaciones, con un periodo húmedo tras la borrasca Filomena que provocó retraso en las aplicaciones de las coberteras, y una época de sequía durante el mes de marzo paralizando la colza al no tener respuesta a la fertilización recién aportada.

En contraprestación la climatología aportó durante la época primaveral algunos frentes lluviosos, sobre todo a final de maduración, y unas temperaturas que apoyaban el mantenimiento de un ambiente húmedo. El periodo de floración se alargó más allá de la media de 25 días en que suele estar el cultivo en esa fase, aportando la recuperación de parte de las flores y silicuas perdidas y/o que los granos tuvieran algo más de tamaño y en definitiva un aumento de rendimiento.

En definitiva, la colza terminó el ciclo, en líneas generales, mejor de lo que se esperaba en un año en que los desarrollos vegetativos otoñales auguraban un buen año, tras unas óptimas implantaciones y crecimientos apropiados para encarar el periodo reproductivo.

Si bien las condiciones climatológicas durante primavera tienen una gran influencia en el devenir final del cultivo, es una época en el que no debe faltar cierta vigilancia por parte del agricultor en cuanto a posibles apariciones de alguna plaga o incidencia por enfermedad.

A modo de recordatorio, vamos a hablar de algunas de estas circunstancias. Primeramente, mencionaremos posibles plagas que pueden observarse:

En caso de que no hubiera ocurrido antes, existe la posibilidad que al comienzo de la primavera se esté produciendo la mayoría de los vuelos y apareamientos de los adultos del gorgojo del tallo (Ceuthorrymchus Napi), siendo éste el momento propicio para su eliminación y disminución de daños posteriores. Normalmente este episodio suele adelantarse unos días antes del cambio estacional (finales de febrero, primeros de marzo).

A partir de la floración tendremos que estar atentos a la entrada de pulgón grisáceo (Brevicoryne Brassicae) en las parcelas, Su presencia, formando colonias en las inflorescencias, puede provocar principalmente aborto de las flores y asurado del grano. El umbral de intervención suele estar cuando aparecen 2 colonias/m2 y en la mayoría de los casos, tratando la parte exterior de la parcela cuando se presenta, se podría controlar. Las materias autorizadas para el tratamiento son distintas piretrinas.

Debemos señalar otros posibles insectos que puede presentarse, pero su incidencia hasta la fecha es testimonial y su impacto en el rendimiento suele ser bajo. Estamos hablando de meliguetes (Meligethes aeneus) que producen daños en las yemas antes de la floración. Posterior a la esta fase puede manifestarse el gorgojo de la silicua (Ceutorhynchus assimilis), cuyas larvas producen perdidas de grano.

Probablemente un buen control del gorgojo del tallo, así como la eficacia del insecticida, minimice la presencia de la mayoría de los insectos perjudiciales que aparecerían posteriormente o retrasarían su aparición disminuyendo el daño en muchos casos.

El aumento de superficie de este cultivo, y tras varios ciclos de rotación, hace que se estén dando más episodios de enfermedades, especialmente en parcelas de regadío y en años o períodos con pluviometría elevada.

Dentro de la estación primaveral, hay que tener especial atención de infecciones como esclerotinia provocado por el hongo Sclerotinia sclerotium que nos puede provocar podredumbre, tallos débiles, secado precoz del cultivo y, en definitiva, mal cuajado y disminución del rendimiento.

Mayor importancia en estos dos últimos años está adquiriendo el control de alternaria provocada por el hongo Alternaria Brassicae. Si la infestación es grave provocaría pérdidas elevadas de producción por un mal llenado de las silicuas, menor peso de los granos o incluso apertura de estas cayendo su grano al suelo, además de un menor contenido en aceite. Por ello, se recomienda estar vigilantes al comienzo de la floración, observando si hay presencia de manchas en las hojas y evitando que las esporas se transloquen al tallo y especialmente a la silicua.

En caso necesario para cualquiera de estas dos incidencias existen varios tratamientos fungicidas que minimizan las posibles pérdidas.

Aunque para otras enfermedades existen variedades cuyos caracteres genéticos confieren mayor o menor tolerancia o resistencia, en el caso de las infecciones expuestas en este artículo el impacto dependerá especialmente de las condiciones climatológicas y ambientales primaverales.

Una vez que se han expuesto las incidencias que pueden manifestarse en el tercio final del cultivo, presentamos las variedades de colza recomendadas para esta campaña de siembra 2021-22, a partir de los resultados obtenidos en los distintos ensayos llevados a cabo en la región: http://www.cooperativaacor.com/extra/descargas/des_12/colza/Variedades-Colza-21-22.pdf

 

Autor: Servicio Agronómico y de Cultivos de ACOR.

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